sábado

Un OVNI al final del túnel

Salida del túnel de A Canda en la N-525
15 de febrero de 1997. Antigua carretera nacional 525. Salida del túnel de A Canda, en dirección Ourense. Dos personas, Jaime y Luis, circulaban por este vial sobre la 1,30 horas. Regresaban de Madrid hacia su domicilio en el sur de Galicia, cuando algo muy espectacular les llamó la atención. 
Se trataba de un objeto con una veintena de luces, con forma de platillo, que emitía unos haces hacia abajo como si fueran tubos, que iluminaban en la noche la carretera oscura.



Dibujo realizado por Luis sobre el OVNI
y los haces en forma de tubo

"Venía a una velocidad bestial"

Tuvimos oportunidad de hablar con uno de los protagonistas del incidente, Luis, poco tiempo después del avistamiento. Preso de la emoción, así contó cómo fue el encuentro: “Fue al salir del túnel, una luminosidad bestial, algo increíble. Se acercó al coche a una velocidad de vértigo y se detuvo en seco frente a nosotros durante unos instantes”. Ambos testigos circulaban por la carretera antigua que une Vigo y Madrid, ya que la actual autovía aun no estaba finalizada en aquella época. Iban a bordo de un todoterreno Mitsubishi. “Al principio, como venía a una velocidad bestial, pues lo veíamos como un foco de luz. Y, de repente, bajó a una velocidad descomunal, como un rayo, y hace una parábola en el aire y se nos frena delante; justo, justo, justo en el centro de la carretera”. 
El artefacto no hacía nada de ruido y tenía un ancho aproximado como la carretera. Según el testigo, no se llegó a posar y se mantuvo a unos diez metros sobre el asfalto, a unos 40 metros por delante del coche. Tenía entre 16 y 20 focos de diferentes colores, que emitían luz hacia abajo “como si fuera un tubo”.
A petición nuestra, Luis describió en detalle cómo era el aparato: “Por debajo, los haces de luz formaban una circunferencia perfecta, con haces de luz en tres colores: azulón, azul celeste y blanco. Y no se expandían hacia los lados, eran columnas de luz independientes; y eran tan potentes que cuando bajaba del cielo, iluminaba los montes y el valle que está a la derecha de la carretera. Después, ya solo iluminaba el trozo de carretera, cuando se quedó allí flotando”.
El conductor del vehículo redujo la velocidad y ambos pudieron ver algunos detalles más del artefacto volador: “No era plano del todo por debajo. Tenía como un fondo plano interior que era de donde salían los tubos; por arriba era redondo, pero no llevaba luces, ni nada. Los tubos no eran muy largos, eran como columnas delgadas, como cilindros de luz con los tres colores cada uno”.
“Estuvo flotando allí unos instantes y después se fue despacito hacia la parte de atrás de la colina, y allí quedó. Nosotros continuamos el viaje completamente alucinados”, concluyó Luis.

Otro caso de OVNIS en carretera en Galicia:
Una "manta" voladora no identificada

martes

El OVNI que limpió el chapapote

Juan Minguela, en su casa de Oia

En 2002, buena parte de las costas de Santa María de Oia, al sur de la provincia de Pontevedra, se encontraban cubiertas de crudo, producto de los vertidos del hundimiento del ‘Prestige’. Cientos de voluntarios trabajaron en este y otros puntos del litoral gallego con el fin de devolverle a la costa su antiguo aspecto. Sin embargo, no era la primera vez que esto ocurría. En marzo de 1974, las mismas costas estaban teñidas de luto. En aquella ocasión el vertido lo produjo un carguero liberiano que colisionó contra otro británico a 50 millas de Vigo. Nadie limpiaba por aquel entonces la costa y el suceso apenas no movilizó voluntarios sensibilizados que sanearan la costa. Mucho menos una comisión de investigación.
Así, por aquel entonces, todas las mañanas, Juan Minguela, un famoso peluquero de Vigo, veía la playa que está junto a su casa cubierta de crudo. Sin embargo, algo cambió en la madrugada del 27 de marzo. Los perros, únicos compañeros de domicilio de Minguela, comenzaron a aullar intensamente y el hombre se asomó a ver que pasaba junto a la playa. “Había un ‘cacharro’ del tamaño de un 'Vitrasa' doble, posado en la playa” recuerda el testigo. Aquel objeto de forma abovedada no se movía pero, por las dudas, Minguela tomó su escopeta de cartuchos y se escondió en el armario desde donde espió al intruso. El OVNI se alejo sin hacer ruido y Minguela volvió a dormirse. Así nos lo contó una tarde de hace más de dos décadas, cuando Manuel Carballal y yo lo entrevistamos. "Me despertaron los aullidos de los perros. No eran de terror, era una cosa rara", explicó Minguela. "Veía la claridad desde la habitación, era una luz gris-azulada". El peluquero vigués dibujó aquello como un domo, que emitía una luz que lo inundaba todo.
A la mañana siguiente, todo podía haber parecido un sueño, sin embargo la escopeta de Minguela estaba cargada. La noticia del OVNI que había visto este peluquero vigués salió en los periódicos, luego en la televisión y medios especializados extranjeros, como la Flying Saucer Rewiew dieron cuenta de la noticia. Sin embargo, y a pesar del prestigio de Minguela tenía en Vigo, y de que en su peluquería conservaba una foto del rey Juan Carlos cuando él mismo le había cortado el pelo, pocos hubiesen creído en su testimonio si el OVNI que se posó en la playa de Mougás no hubiese dejado una huella. En la escasa superficie de la playa, allí donde el peluquero vigués aseguraba que se había posado el OVNI, la playa estaba limpia, en contraste con el resto, que seguía cubierto de petróleo. "Estaba todo negro -nos explicó Minguela- prácticamente tres cuartas de petróleo. Habían pasado muchos temporales, pero estaba todo negro. Sin embargo, en el sitio donde habían estado 'ellos', estaba limpio. Después sí, se volvió a llenar de petróleo. Algo hubo".
La prensa local publicó una fotografía de la playa con un enorme círculo limpio de petróleo, único testimonio gráfico que se conserva de aquel aterrizaje.
Después de aquel incidente, Minguela fue invitado a hablar de su avistamiento incluso en Estados Unidos, aunque el interés se fue apagando con el tiempo. En su casa conservaba lo que él llamaba el "monumento al OVNI", que cuando lo visitamos ya no era más que un amasijo de hierros oxidados.

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Un “meteorito” volante no identificado

miércoles

Los milagros de Fátima en Galicia

Aparición de Fátima en Pontevedra
En los años cuarenta, un famoso santero portugués, José Ferreira Thedim, talló en madera varias imágenes de la ‘señora’ de Fátima siguiendo las indicaciones que le dio la única vidente que entonces continuaba viva, Lucía dos Santos.

Algunas de estas tallas recorrieron España, promovidas por el gobierno de Franco, que quería reavivar la fe católica a través de “peregrinaciones” de la virgen de Fátima. Es así que la imagen se paseó con todos los honores por las principales ciudades de España, aunque también por pueblos y aldeas.

A su paso por Galicia, la imagen de Fátima dejó también algunos fenómenos extraños.




Milagros de Fátima en Galicia

La agencia Cifra recoge la noticia publicada en varios periódicos a finales de 1948 en las que se relatan fenómenos luminosos en diferentes parroquias de la provincia de Ourense.

Primero en las parroquias ourensanas de Eiro, y días más tarde en Maside, Gomariz y Osmo se registró un insólito fenómeno al paso de la imagen religiosa. La crónica de un periodista del rotativo La Región recoge el fenómeno: “al lado de las andas de la imagen, o a diez o veinte metros de distancia de las mismas, o lo mismo sobre la carretera que en los prados, aparecen unas luces fosforescentes, unas veces como simples puntos luminosos y otras como estrellitas perfectamente definidas, algunas veces en forma de cruz. Han sido recogidas en la mano, que se han frotado y diseminado, pero la fosforescencia sigue con la misma intensidad durante unos minutos, para desaparecer luego repentinamente”.

Algunos vecinos lograron recoger algunas de estas pequeñas estrellas, que solo se manifestaban en las procesiones nocturnas, y determinaron que estaban compuestas por algo semejante a partículas de hierro, aunque perdían su luminosidad poco después.



En mi blog Lugares mágicos de Galicia hay dos artículos sobre las apariciones de Fátima en Pontevedra y Tui, protagonizados por la vidente Lucía dos Santos:



52.Santuario de las apariciones de Pontevedra

lunes

Una "virgen" voladora en la Serra de Avión

Enmascarados tras la imagen de una  veneración religiosa, o de un suceso interpretado como sobrenatural y piadoso, se encuentran muchas veces casos de observaciones de seres imposibles que hoy en día seguimos sin saber qué son, pero que podemos interpretar desde otro punto de vista. Es el caso que nos relató Manuel González Vázquez, que fue testigo de una observación que interpretó como una aparición de la Virgen. Quedó grabada en la memoria de este hombre la fecha del 20 de octubre de 1955, cuando se encontraba apacentando su ganado en un lugar llamado Portela de Pau, en la Serra de Avión. Estaba atardeciendo, y Manuel se encontraba en compañía de su vecina Erminda, muy devota de las costumbres cristianas.
Marcelino Requejo y yo tuvimos oportunidad de entrevistarle en 2001, en su casa ubicada en una pequeña aldea ourensana llamada Cortegazas.
Aquel día, lo primero que llamó la atención de ambos fue un temblor que duró algunos minutos, que les produjo un cierto recelo. Momentos después vieron a lo lejos una figura indefinida, "como una pantalla" (la pantalla es uno de los muchos nombres de la Santa Compaña), que tenía indiscutiblemente forma humana. Sin embargo, segundos después vieron otra figura que se acercaba volando por debajo de las nubes. A medida que se acercaba pudieron comprobar que se trataba de una mujer, que se acercaba a ellos, y que volaba manteniendo una altura de unos tres metros sobre el suelo.
Tenía el aspecto de una chica de unos 18 años y poco más de un metro de altura. Llevaba el pelo recogido y por debajo de la cabeza tenía un manto de color turquesa claro. La mujer voladora se acercó manteniendo su altura, y al pasar junto a Manuel y Erminda, giró la cabeza hacia ellos, aunque no dijo nada.
La aparición duró aproximadamente una media hora y fue interpretada por ambos como una señal divina, en la que se habría manifestado la Virgen María. El contexto religioso de aquella época condicionó la interpretación de Manuel que, tras regresar de México, donde emigró, dedicó toda su vida al cuidado de la iglesia de su pueblo y a la devoción cristiana.
Hay más información sobre este caso, y otros muchos similares, en el libro Apariciones Marianas, de Marcelino Requejo.

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miércoles

Dos extraños seres en una fuente de Lavadores


Julio H. F. es un emigrante español, que a muy corta edad tuvo que viajar a Argentina, empujado por las circunstancias de aquella época. Prefiere mantener su identidad en reserva, debido a lo atípico de la experiencia que le tocó presenciar cuando contaba con solo trece años de edad.

En 1945, Julio vivía junto con sus padres en una casa situada en las afueras de la ciudad de Vigo (Pontevedra-España). A pesar de encontrarse en el extrarradio de Vigo, el barrio de Lavadores ya tenía por aquel entonces un aspecto típicamente urbano.
Junto a su casa, había situada una fuente de uso público (fue derribada hace algo más de una década), donde los vecinos de este barrio iban a buscar agua fresca o a lavar la ropa. Esta fuente está ubicada junto a la calle, dentro de un pequeño recinto al que se accede por una entrada sin puerta. En el interior está acondicionado un pequeño lavadero ubicado en la parte central.
rostros de los seres dibujados por el testigo.
Por encargo de su madre, y como tantas otras veces lo había hecho, Julio fue a buscar agua a esta fuente por la mañana. Apenas cruzó la entrada, vio algo que le dejó atónito, hasta tal punto que soltó de su mano el recipiente que llevaba. En la parte de atrás del lavadero había dos seres extrañamente vestidos, que hablaban entre si. Uno de ellos, el que estaba situado en la parte más interior, señalaba algo con su mano derecha extendida. Tenía el pelo muy largo y una tímida barba; y estaba vestido con una túnica, que a Julio le hizo recordar a "Jesucristo". Por el contrario, el otro estaba completamente calvo, y aunque también estaba vestido con una especie de túnica, le resaltaban aun más sus ojos. Como en tantos casos de observaciones de humanoides relacionados con OVNIs, estos tenían grandes ojos rasgados hacia atrás.
Julio quedó paralizado por la situación, y los seres, ante la presencia de Julio, murmuraron algo así como "no importa, es un niño". Acto seguido se esfumaron sin moverse de su sitio.
Presa del miedo, Julio volvió a casa sin el agua que su madre le había encargado, y aun tardó algún tiempo en volver a aquella fuente, por el impacto que le produjo aquella observación.
Años después, Julio le dio una interpretación casi religiosa, por el parecido de uno de los seres con la imagen popular de Jesús, y por ser en aquellas fechas la única referencia de explicación para sucesos de estas características. Sin embargo, y aunque está convencido de la realidad de su experiencia, este suceso no marco su vida ni produjo cambios en su forma de enfrentar y entender la vida.

jueves

Un “meteorito” volante no identificado


¿Un OVNI en Vigo? Alrededor de las 8,30 horas del 23 de noviembre de 1993, un objeto luminoso de color verde intenso cruzó el sur de la provincia de Pontevedra en dirección noroeste. Entre los numerosos testigos que presenciaron el fenómeno, se encontraban vecinos de Porriño, Mos, Vigo, Cangas y Bueu. Quienes pudieron ver el objeto con mayor claridad fueron un grupo de pescadores de varias embarcaciones que se encontraban faenando en las cercanías de la isla de Ons.
Emilio Otero y Benito Patiño, en 1993
Benito Patiño, patrón del Xamevedes, pudo observar el fenómeno junto con su tripulación, que se encontraba en el interior de la ría de Pontevedra. Él contaba así lo que vio: "Era de un color verde intenso y en la parte de atrás tenía luces amarillas y rojas, y dejaba una estela como la de un avión. Pasó muy rápido en dirección a la isla de Ons y muy cerca de la cumbre". La tripulación del Xamevedes alertó por radio a otros barcos para que pudieran observar el extraño fenómeno.
El Audaz II se encontraba en ese momento a cinco millas de Ons, en mar abierto. Desde esa posición, Emilio Otero -patrón del barco- vio como el objeto se perdía en altamar, aumentando por algunos instantes su luminosidad. Ambos testigos coinciden en afirmar que el objeto no varió en ningún momento su escasa altura, descartando la posibilidad de que descendiese. Otros muchos testigos observaron el fenómeno ese día, incluso de lugares tan dispares como el norte de Portugal, Santiago de Compostela o Palencia.
El único radar militar presente en Galicia, en la EVA 10 (Estación de Vigilancia Aérea Nº 10), no habría detectado la presencia de ningún objeto, aunque los responsables militares se negaron a hacer declaraciones en aquel momento. Sin embargo, años después se desclasificó un documento en el que se describe que un grupo de militares habría observado el fenómeno desde la entrada de la base militar.
Un teniente coronel -responsable de la Estación de Vigilancia Aérea-, un brigada, dos sargentos y un soldado vieron el mismo objeto que los pescadores de Bueu, aunque desde lo alto de la sierra de Barbanza.


“Aparece a los observadores trazo verde (aparentemente como bengala marina). A medida que cruza por el cielo, de izquierda a derecha, se aprecia el volumen de esta luz, circular ovalada, seguida de una cola en ignición, como fuego de artificio, de color blanco amarillento. Velocidad muy alta. Trayectoria paralela al suelo”. Así reza una de las descripciones del informe militar, que consta de 125 páginas de cuestionarios, descripciones de los testigos y otros detalles del avistamiento. Pero solo incluye los datos de los testigos militares, sin mención a otras personas que presenciaron el fenómeno. Sorprende que no se haya tenido en cuenta, ya que numerosos medios de comunicación locales se hicieron eco de la noticia.
El expediente militar concluye que “pudiera tratarse de un meteorito” y fue desclasificado el 24 de octubre de 1996.
Un meteorito, un misil que venía de Portugal, pruebas balísticas… El expediente sigue abierto.

  

Premoniciones que anuncian la muerte


Escrito por Carlos G. Fernández y Juan Carlos Blanco Lago


¿Se despide el alma de las personas de sus seres queridos antes de morir? ¿Existen señales que pronostican un fallecimiento? ¿Nuestros seres queridos nos esperan? ¿Está el momento de la muerte prefijado? Testimonios de personas que han vivido estas experiencias parecen confirmarlo.
María de los Ángeles Diz tuvo que emigrar a Buenos Aires en los duros años de la posguerra. Como lo hicieron tantos otros, dejó en España a media docena de hermanos. Con todas las pertenencias que pudo, viajó junto con sus cuatro hijos y su marido y se radicó definitivamente en la ciudad del río de la Plata. Por aquel entonces las noticias viajaban demasiado despacio, y más aún cuando la familia había quedado en una pequeña aldea del sur de Galicia. Una noche, mientras estaba acostada en su casa ubicada en el porteño barrio de Caballito, María de los Ángeles vio entre la penumbra de la habitación a su hermano Raimundo. “Sentí como si estuviese allí, y me saludo”, señaló la mujer. Semanas después le llegaron noticias de su pueblo natal: su hermano había fallecido.
Las personas que viven una experiencia como esta, por alguna desconocida razón, suelen repetir. Es así que cuando falleció otro de sus hermanos, de nombre Atilano, fue testigo de una vivencia similar. María de los Ángeles era una persona creyente y renegaba de cualquier creencia mágica, pero la experiencia que le tocó vivir fue lo suficientemente intensa como para convencerse de que sus hermanos “se habían despedido” a pesar de que los separaban más de 10.000 kilómetros de distancia.
Las visiones de María fueron muy directas y la proximidad afectiva con estos dos hermanos pudo ser el detonante de la experiencia. Sin embargo, las visiones que predicen la muerte de otra persona a veces tienen un componente simbólico. Tal es el caso que le ocurrió a Teresa, residente en una villa del sur de la provincia de Pontevedra, que tuvo como protagonistas a sus hermanos. “Recuerdo que cuando era pequeña -tendría unos seis años- que mi hermano mayor cuando iba camino de la tienda que había más cercana a casa, veía durante el trayecto de ida y vuelta un ataúd blanco y pequeño, como el de un niño”. Esta visión se repitió durante varios días, hasta el punto de que el miedo se apoderó del niño y ya no quería volver a hacer la compra. “Ante la insistencia de su visión, mi padre fue con él en busca del dichoso féretro, pero cuando llegaban allí, al lugar donde afirmaba haberlo visto, ya no estaba. Durante varios días estuvo viendo el ataúd y estaba plenamente convencida de que era real”. La familia se tomó a broma las visiones del niño, con la excepción de su madre. La sorpresa sobrevino poco tiempo después de que el chaval dejara de ver aquella caja mortuoria pequeña y blanca, cuando “murió mi hermanito, que contaba tan solo veintidós meses”. Aquella visión del mayor de los hermanos fue interpretada por la familia como una trágica premonición de aquella prematura muerte.
Ver la imagen de un familiar querido poco antes de que fallezca, o asociar una visión cargada de simbolismo con una muerte prematura son algunas de las formas en las que suelen presentarse las premoniciones. Pero hay otras señales.

La muerte llama a la puerta


Los golpes en la puerta son una de las ‘señales’ frecuentemente interpretadas como un aviso de muerte, y a veces constituyen por si mismas una ‘evidencia’ de que algún conocido está por morir. Sin embargo, a veces las señales son algo más que golpes.
Una noche muy lluviosa de primavera, aproximadamente a las cuatro de la mañana, alguien golpeaba a la puerta de la casa de Carmen L., en el barrio vigués de Cabral. “Me despertó una voz que llamaba por mi marido y golpeaba la puerta de casa” recuerda Carmen. La mujer reconoció la voz del visitante como la de su suegro. “Desperté a mi marido y le dije que se levantase porque estaba su padre llamándolo. Y teniendo en cuenta la hora que era no podía tratarse de nada bueno. Cuando salimos al balcón pudimos comprobar que allí no había nadie, todo estaba en orden y ni siquiera el perro se había alarmado”. El matrimonio volvió a la cama, pero poco después volvieron a escuchar los golpes. “Volví a escuchar que alguien llamaba a la puerta y gritaba el nombre de mi marido. Nos volvimos a levantar y otra vez sucedió lo mismo. Allí no había nadie ni nada que aparentemente pudiese causar tales sonidos”. Carmen no concilió el sueño aquella noche y sintió una fuerte angustia por lo sucedido. Ya de mañana, Carmen encontró respuesta a los sucesos de la noche pasada: “Estábamos desayunando cuando llegó mi cuñado a comunicarnos que mi suegro había fallecido hacía un rato a causa de un infarto que le había dado durante la noche”.

Luces que anuncian el final


Carmen L. vivió otras experiencias relacionadas con premoniciones de muerte, aunque las ‘señales’ tenían otras apariencias “cuando era niña, estaba una noche de verano viendo por la ventana de casa cuando vi, a unos ciento cincuenta metros, concretamente en una finca de unos tíos míos, una serie de luces muy brillantes y preciosas que estaban a la altura de un pilón de agua que había cerca de un riachuelo”, comienza relatando la mujer. Y continua: “me llamaron mucho la atención porque eran móviles y brillaban mucho formando círculos. Cuando me di cuenta, las luces comenzaron a desplazarse en dirección a la casa de mis tíos, hasta llegar a una de las ventanas, concretamente la de la habitación de mi primo Evaristo, donde se detuvieron formando una especie de corona muy brillante y luminosa. Era una cosa tan extraña que corrí a avisar a mi madre para que pudiese verlas. Ella acudió muy pronto, tardaríamos como medio minuto en llegar de nuevo a mi ventana. Cuando llegamos las luces permanecían allí pero mi madre no podía verlas. Le dije: ¡están allí mamá, en la ventana de la habitación de Evaristo! Mi madre no veía nada pero puso sus manos en mis hombros y luego se santiguó diciendo: ¡ay Dios mío!” La madre de Carmen L. ‘comprendió’ que aquellas luces no traían un buen presagio. “A la mañana siguiente nos comunicaron que mi primo Evaristo había muerto ahogado en una playa de Ribadeo, en Lugo, donde se había ido de excursión”.
Los casos que hemos repasado hasta el momento arrojan varias pistas sobre las premoniciones de muerte. Por un lado parece ser una constante que quien ha vivido una experiencia de estas características, parece repetir. Ya sea directamente como en el caso de María de los Ángeles Diz, o a través de señales –luces, golpes o visiones- algunas de las cuales solo las puede ver una persona. A quienes tienen la capacidad de ver hechos ‘sobrenaturales’ relacionados con la muerte se les conoce en Galicia como ‘corpos abertos’. Son personas capaces de extender sus sentidos más allá de la realidad cotidiana. Es una creencia muy arraigada la de que esa capacidad se transmite de padres a hijos. Y eso es lo que parece suceder con Carmen L., ya que sus padres también fueron testigos de experiencias similares. “Estábamos como cualquier otro día en casa y al terminar de cenar, y yo iba pronto para el piso de arriba para acostarme. Al salir de casa y empezar a subir la escalera vi una pequeña luz muy brillante delante de mí que se movía y de repente aparecían otras que la rodeaban. Estaba tan extrañado de lo que estaba viendo que en cuanto hacía intención de volverme para avisarle a Carmen de que viniese a ver aquellas luces desconocidas, éstas desaparecían”, relata Ángel. “No hacía falta ni que me moviese, sólo con pensarlo ya desaparecían”, añade.
Camino de A Estantigua, en Tui
Al día siguiente ocurrió lo mismo, y así durante casi toda la semana. “Temiéndome que era un mal presagio, y debido a que mi suegra estaba enferma, que contaba con 95 años a sus espaldas, le dije a Carmen <<creo que esta semana vamos a tener un entierro, y no sé si será tu madre>>”, continúa relatando Ángel su experiencia.
Su mujer apoya el relato de Ángel, añadiendo que una noche estaba viendo la televisión, “cuando escuché un fuerte estruendo. Era como si se hubiesen caído una gran cantidad de tablas de madera al suelo. Me llevé un buen susto y pensé  que fue lo que se había podido caer de tal manera”. La mujer salió a la finca que está junto a su casa para ver que había sucedido, pero todo parecía estar en orden. “Le pregunté a mi marido si había escuchado ese golpe pero me respondió que el no había escuchado nada, cosa que sorprendió enormemente por que el ruido del golpe había sido muy fuerte. Volví a escuchar de nuevo el mismo ruido. Lo escuchaba como si sucediese a uno o dos metros de distancia de donde estaba yo. Volví a salir y a dar una vuelta para intentar localizar su origen pero fue imposible. De nuevo le pregunté a mi marido si esta vez lo había escuchado y me dijo que tampoco había escuchado nada, ni antes ni ahora. Todo esto sucedió el día siguiente de que él había visto por última vez las luces”. 
Por la mañana les llegó la noticia de que esa misma noche, a la hora en que Carmen C. había escuchado los golpes,  falleció una vecina, que además era de su propia familia. “Entonces pensé, ¡mira por donde, seguro que fue la pobrecita que vino a despedirse!”.

Soñando con la muerte

Los sueños es otra fuente de información por donde se canalizan las premoniciones de muerte. A María Mosteiro, le tocó vivir –durante una etapa muy concreta de su vida- numerosos sueños que le señalaban personas que iban a morir. Uno de los primeros sueños premonitorios tenía como escenario un lugar conocido como A Trapa, al sur de la provincia de Pontevedra, muy cerca de su casa. “En el sueño  volvía a casa con mi amiga Puri, que veníamos de una fiesta en A Trapa. Mi amiga estaba con un crío, aunque ella no estaba ni casada ni embarazada. A unos cien metros nos apareció una chica que tenía por aquel entonces unos 20 años”, comienza relatando María, y continúa: “Al llegar a un camino que hace una cruz, yo quedé sola con esa chica y escuché como una campanilla. Sentí un susto terrible, y ella comenzó a reirse a carcajadas”. En el sueño, las dos mujeres continuaron su camino, pero en un momento la acompañante de María desapareció. “Yo pensé que si era alguien que iba a morir debía ir hacia el cementerio. Yo lloraba desconsoladamente y en eso me desperté”, recuerda María.
El sueño de esta vecina de A Trapa tenía una doble premonición. Por un lado su amiga, estaba embarazada, aunque nadie lo sabía. Por otro, y lo que resulta más conmovedor, la chica que le acompañó en el sueño hasta el cruce de caminos falleció 15 días después en un accidente de moto. “Y donde ella desapareció era la casa de sus abuelos”, recuerda María.
Este es sólo uno de los numerosos sueños con premoniciones de muerte que vivió María Mosteiro, y que se sucedieron durante una década, para luego cesar repentinamente tan inexplicablemente como habían aparecido.
Resulta paradójico que este lugar de A Trapa fue escenario de otra fatídica premonición ocurrida 40 años antes por otra vecina de la zona. Sofía Romero fue testigo, junto con su madre, del paso de una comitiva de espectros que en Galicia se conoce con el nombre de ‘Santa Compaña’. Como manda la tradición, esta procesión fantasmal va siempre acompañada por una persona viva cuya muerte está próxima. Es así que Sofía reconoció entre la Compaña a una vecina, que días después falleció a causa de la caída de un rayo.
Los sueños son el refugio del simbolismo, y en las premoniciones de personas que van a fallecer, a veces suelen presentarse a través de imágenes que se expresan a través de símbolos. Es el caso que le aconteció a Dana, una viguesa de 27 años: “Un buen día me levanté angustiada por una pesadilla que había tenido esa mima noche, con un rostro desconocido al que sangraba por la boca y comenzaba a caérsele los dientes uno a uno”. Al día siguiente murió el vecino del noveno, con el que la joven mantenía una gran amistad. “En otra ocasión soñé exactamente lo mismo y a los pocos días se murió mi abuelo. Seguí soñando con la boca sangrante en varias ocasiones más y siempre, a los pocos días u horas, fallecía alguien cercano a mí. Ahora me sigue sucediendo lo mismo y ya me voy mentalizando. Sé que cada vez que tengo ese sueño alguien conocido va a morir. Estos episodios, comenta Dana, se repiten desde que tenía 15 años.

La sombra de un ángel

Las formas en que suelen presentarse las premoniciones de personas que van a morir –o que al menos así las interpretan sus protagonistas- suelen ser muy variadas. Carmen L. recuerda otra vivencia relacionada con la muerte de un familiar querido, y donde también su marido fue testigo del fenómeno. “Salíamos de casa de mi abuela, a quien habíamos ido a visitar porque estaba gravemente enferma, y nos dirigíamos hacia nuestra casa en coche. El trayecto de llegada era corto, más o menos de unos 20 minutos en coche. Era  ya el atardecer y el sol estaba poniéndose cuando de repente vimos una especie de sombra que parecía tener alas y se dirigía hacia nosotros. Pasó tan rápido que no nos dio tiempo a frenar el coche y esa especie de sombra alada, que con absoluta seguridad no era  un pájaro, y además era muy grande, nos pasó rozando el parabrisas del coche. De hecho hasta pudimos escuchar el sonido cuando rozó el cristal”, recuerda Carmen. La sombra continuó en dirección a un muro pegado a la carretera y cuando llegó a las proximidades de un árbol que estaba junto a él, desapareció. “En ese momento fue más el susto de pensar que pudimos haber tenido un accidente grave que el susto que podíamos llevarnos por lo que acabábamos de ver. Era como si durante unos segundos no fuésemos conscientes de lo que había ocurrido”, recuerda Carmen. La pareja continuó el camino a casa, todavía con el susto en el cuerpo, hablando sobre lo que acababan de ver, llegando a la conclusión “de que aquello que habíamos visto no era normal”. Al llegar a su casa, Carmen y su marido llegaron a una clara conclusión: “Al llegar a casa sonó el teléfono. Era mi tía que me avisaba de que mi abuela acababa de fallecer a los pocos minutos de habernos marchado nosotros. A partir de entonces tanto mi marido como yo tenemos muy claro que ambos fenómenos tenían alguna relación”.
La sombra que vieron Carmen y su marido tenía alas, pero ambos estaban convencidos de que no era un pájaro. Sin embargo, en muchas ocasiones la presencia de algunas aves voladoras suelen ser presagio de una muerte cercana en las creencias populares. De entre todos, quizá los cuervos son los que más se relacionan, donde su presencia inusual anuncia una muerte en la mitología de muchos pueblos y países. Otras veces es la actitud de los pájaros la que se interpreta como un mal presagio. Digna Fernández vivía en el centro de la localidad de Porriño, en la provincia de Pontevedra. Como tantas otras veces había terminado de hablar con su hijo que trabajaba en una gasolinera de Madrid. Durante la conversación, Digna sintió una rara sensación, como si algo no estuviera bien. Poco después de finalizar la conversación, la mujer vio como unos pájaros se estrellaban contra su ventana sin ninguna explicación. “Supe que era mi hijo”, aseguró Digna. El joven había muerto en un incendio poco después de hablar con su madre, y para ella la actitud de estas aves fue el detonante de una premonición.
No sólo las aves son interpretadas como agoreras de muertes próximas, sino los aullidos de los perros o los “perros fantasma”, que en el Reino Unido su presencia es indicativa de una muerte cercana, hasta el punto de que determinadas familias tienen tradiciones particulares en relación con estos animales.
¿Está nuestra muerte predeterminada? ¿Nos despedimos de nuestros seres queridos antes de morir? ¿Son estas experiencias una prueba de la existencia de vida más allá de la muerte? Alcanzar respuestas a estas preguntas es –al menos por el momento- una cuestión de paciencia.

Puedes ver el reportaje de "MILENIO" (TVG) sobre este asunto: