miércoles

Los milagros de Fátima en Galicia

Aparición de Fátima en Pontevedra
En los años cuarenta, un famoso santero portugués, José Ferreira Thedim, talló en madera varias imágenes de la ‘señora’ de Fátima siguiendo las indicaciones que le dio la única vidente que entonces continuaba viva, Lucía dos Santos.

Algunas de estas tallas recorrieron España, promovidas por el gobierno de Franco, que quería reavivar la fe católica a través de “peregrinaciones” de la virgen de Fátima. Es así que la imagen se paseó con todos los honores por las principales ciudades de España, aunque también por pueblos y aldeas.

A su paso por Galicia, la imagen de Fátima dejó también algunos fenómenos extraños.




Milagros de Fátima en Galicia

La agencia Cifra recoge la noticia publicada en varios periódicos a finales de 1948 en las que se relatan fenómenos luminosos en diferentes parroquias de la provincia de Ourense.

Primero en las parroquias ourensanas de Eiro, y días más tarde en Maside, Gomariz y Osmo se registró un insólito fenómeno al paso de la imagen religiosa. La crónica de un periodista del rotativo La Región recoge el fenómeno: “al lado de las andas de la imagen, o a diez o veinte metros de distancia de las mismas, o lo mismo sobre la carretera que en los prados, aparecen unas luces fosforescentes, unas veces como simples puntos luminosos y otras como estrellitas perfectamente definidas, algunas veces en forma de cruz. Han sido recogidas en la mano, que se han frotado y diseminado, pero la fosforescencia sigue con la misma intensidad durante unos minutos, para desaparecer luego repentinamente”.

Algunos vecinos lograron recoger algunas de estas pequeñas estrellas, que solo se manifestaban en las procesiones nocturnas, y determinaron que estaban compuestas por algo semejante a partículas de hierro, aunque perdían su luminosidad poco después.



En mi blog Lugares mágicos de Galicia hay dos artículos sobre las apariciones de Fátima en Pontevedra y Tui, protagonizados por la vidente Lucía dos Santos:



52.Santuario de las apariciones de Pontevedra

lunes

Una "virgen" voladora en la Serra de Avión

Enmascarados tras la imagen de una  veneración religiosa, o de un suceso interpretado como sobrenatural y piadoso, se encuentran muchas veces casos de observaciones de seres imposibles que hoy en día seguimos sin saber qué son, pero que podemos interpretar desde otro punto de vista. Es el caso que nos relató Manuel González Vázquez, que fue testigo de una observación que interpretó como una aparición de la Virgen. Quedó grabada en la memoria de este hombre la fecha del 20 de octubre de 1955, cuando se encontraba apacentando su ganado en un lugar llamado Portela de Pau, en la Serra de Avión. Estaba atardeciendo, y Manuel se encontraba en compañía de su vecina Erminda, muy devota de las costumbres cristianas.
Marcelino Requejo y yo tuvimos oportunidad de entrevistarle en 2001, en su casa ubicada en una pequeña aldea ourensana llamada Cortegazas.
Aquel día, lo primero que llamó la atención de ambos fue un temblor que duró algunos minutos, que les produjo un cierto recelo. Momentos después vieron a lo lejos una figura indefinida, "como una pantalla" (la pantalla es uno de los muchos nombres de la Santa Compaña), que tenía indiscutiblemente forma humana. Sin embargo, segundos después vieron otra figura que se acercaba volando por debajo de las nubes. A medida que se acercaba pudieron comprobar que se trataba de una mujer, que se acercaba a ellos, y que volaba manteniendo una altura de unos tres metros sobre el suelo.
Tenía el aspecto de una chica de unos 18 años y poco más de un metro de altura. Llevaba el pelo recogido y por debajo de la cabeza tenía un manto de color turquesa claro. La mujer voladora se acercó manteniendo su altura, y al pasar junto a Manuel y Erminda, giró la cabeza hacia ellos, aunque no dijo nada.
La aparición duró aproximadamente una media hora y fue interpretada por ambos como una señal divina, en la que se habría manifestado la Virgen María. El contexto religioso de aquella época condicionó la interpretación de Manuel que, tras regresar de México, donde emigró, dedicó toda su vida al cuidado de la iglesia de su pueblo y a la devoción cristiana.
Hay más información sobre este caso, y otros muchos similares, en el libro Apariciones Marianas, de Marcelino Requejo.

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Dos extraños seres en una fuente de Lavadores

miércoles

Dos extraños seres en una fuente de Lavadores


Julio H. F. es un emigrante español, que a muy corta edad tuvo que viajar a Argentina, empujado por las circunstancias de aquella época. Prefiere mantener su identidad en reserva, debido a lo atípico de la experiencia que le tocó presenciar cuando contaba con solo trece años de edad.

En 1945, Julio vivía junto con sus padres en una casa situada en las afueras de la ciudad de Vigo (Pontevedra-España). A pesar de encontrarse en el extrarradio de Vigo, el barrio de Lavadores ya tenía por aquel entonces un aspecto típicamente urbano.
Junto a su casa, había situada una fuente de uso público (fue derribada hace algo más de una década), donde los vecinos de este barrio iban a buscar agua fresca o a lavar la ropa. Esta fuente está ubicada junto a la calle, dentro de un pequeño recinto al que se accede por una entrada sin puerta. En el interior está acondicionado un pequeño lavadero ubicado en la parte central.
rostros de los seres dibujados por el testigo.
Por encargo de su madre, y como tantas otras veces lo había hecho, Julio fue a buscar agua a esta fuente por la mañana. Apenas cruzó la entrada, vio algo que le dejó atónito, hasta tal punto que soltó de su mano el recipiente que llevaba. En la parte de atrás del lavadero había dos seres extrañamente vestidos, que hablaban entre si. Uno de ellos, el que estaba situado en la parte más interior, señalaba algo con su mano derecha extendida. Tenía el pelo muy largo y una tímida barba; y estaba vestido con una túnica, que a Julio le hizo recordar a "Jesucristo". Por el contrario, el otro estaba completamente calvo, y aunque también estaba vestido con una especie de túnica, le resaltaban aun más sus ojos. Como en tantos casos de observaciones de humanoides relacionados con OVNIs, estos tenían grandes ojos rasgados hacia atrás.
Julio quedó paralizado por la situación, y los seres, ante la presencia de Julio, murmuraron algo así como "no importa, es un niño". Acto seguido se esfumaron sin moverse de su sitio.
Presa del miedo, Julio volvió a casa sin el agua que su madre le había encargado, y aun tardó algún tiempo en volver a aquella fuente, por el impacto que le produjo aquella observación.
Años después, Julio le dio una interpretación casi religiosa, por el parecido de uno de los seres con la imagen popular de Jesús, y por ser en aquellas fechas la única referencia de explicación para sucesos de estas características. Sin embargo, y aunque está convencido de la realidad de su experiencia, este suceso no marco su vida ni produjo cambios en su forma de enfrentar y entender la vida.

jueves

Un “meteorito” volante no identificado


¿Un OVNI en Vigo? Alrededor de las 8,30 horas del 23 de noviembre de 1993, un objeto luminoso de color verde intenso cruzó el sur de la provincia de Pontevedra en dirección noroeste. Entre los numerosos testigos que presenciaron el fenómeno, se encontraban vecinos de Porriño, Mos, Vigo, Cangas y Bueu. Quienes pudieron ver el objeto con mayor claridad fueron un grupo de pescadores de varias embarcaciones que se encontraban faenando en las cercanías de la isla de Ons.
Emilio Otero y Benito Patiño, en 1993
Benito Patiño, patrón del Xamevedes, pudo observar el fenómeno junto con su tripulación, que se encontraba en el interior de la ría de Pontevedra. Él contaba así lo que vio: "Era de un color verde intenso y en la parte de atrás tenía luces amarillas y rojas, y dejaba una estela como la de un avión. Pasó muy rápido en dirección a la isla de Ons y muy cerca de la cumbre". La tripulación del Xamevedes alertó por radio a otros barcos para que pudieran observar el extraño fenómeno.
El Audaz II se encontraba en ese momento a cinco millas de Ons, en mar abierto. Desde esa posición, Emilio Otero -patrón del barco- vio como el objeto se perdía en altamar, aumentando por algunos instantes su luminosidad. Ambos testigos coinciden en afirmar que el objeto no varió en ningún momento su escasa altura, descartando la posibilidad de que descendiese. Otros muchos testigos observaron el fenómeno ese día, incluso de lugares tan dispares como el norte de Portugal, Santiago de Compostela o Palencia.
El único radar militar presente en Galicia, en la EVA 10 (Estación de Vigilancia Aérea Nº 10), no habría detectado la presencia de ningún objeto, aunque los responsables militares se negaron a hacer declaraciones en aquel momento. Sin embargo, años después se desclasificó un documento en el que se describe que un grupo de militares habría observado el fenómeno desde la entrada de la base militar.
Un teniente coronel -responsable de la Estación de Vigilancia Aérea-, un brigada, dos sargentos y un soldado vieron el mismo objeto que los pescadores de Bueu, aunque desde lo alto de la sierra de Barbanza.


“Aparece a los observadores trazo verde (aparentemente como bengala marina). A medida que cruza por el cielo, de izquierda a derecha, se aprecia el volumen de esta luz, circular ovalada, seguida de una cola en ignición, como fuego de artificio, de color blanco amarillento. Velocidad muy alta. Trayectoria paralela al suelo”. Así reza una de las descripciones del informe militar, que consta de 125 páginas de cuestionarios, descripciones de los testigos y otros detalles del avistamiento. Pero solo incluye los datos de los testigos militares, sin mención a otras personas que presenciaron el fenómeno. Sorprende que no se haya tenido en cuenta, ya que numerosos medios de comunicación locales se hicieron eco de la noticia.
El expediente militar concluye que “pudiera tratarse de un meteorito” y fue desclasificado el 24 de octubre de 1996.
Un meteorito, un misil que venía de Portugal, pruebas balísticas… El expediente sigue abierto.

  

Premoniciones que anuncian la muerte


Escrito por Carlos G. Fernández y Juan Carlos Blanco Lago


¿Se despide el alma de las personas de sus seres queridos antes de morir? ¿Existen señales que pronostican un fallecimiento? ¿Nuestros seres queridos nos esperan? ¿Está el momento de la muerte prefijado? Testimonios de personas que han vivido estas experiencias parecen confirmarlo.
María de los Ángeles Diz tuvo que emigrar a Buenos Aires en los duros años de la posguerra. Como lo hicieron tantos otros, dejó en España a media docena de hermanos. Con todas las pertenencias que pudo, viajó junto con sus cuatro hijos y su marido y se radicó definitivamente en la ciudad del río de la Plata. Por aquel entonces las noticias viajaban demasiado despacio, y más aún cuando la familia había quedado en una pequeña aldea del sur de Galicia. Una noche, mientras estaba acostada en su casa ubicada en el porteño barrio de Caballito, María de los Ángeles vio entre la penumbra de la habitación a su hermano Raimundo. “Sentí como si estuviese allí, y me saludo”, señaló la mujer. Semanas después le llegaron noticias de su pueblo natal: su hermano había fallecido.
Las personas que viven una experiencia como esta, por alguna desconocida razón, suelen repetir. Es así que cuando falleció otro de sus hermanos, de nombre Atilano, fue testigo de una vivencia similar. María de los Ángeles era una persona creyente y renegaba de cualquier creencia mágica, pero la experiencia que le tocó vivir fue lo suficientemente intensa como para convencerse de que sus hermanos “se habían despedido” a pesar de que los separaban más de 10.000 kilómetros de distancia.
Las visiones de María fueron muy directas y la proximidad afectiva con estos dos hermanos pudo ser el detonante de la experiencia. Sin embargo, las visiones que predicen la muerte de otra persona a veces tienen un componente simbólico. Tal es el caso que le ocurrió a Teresa, residente en una villa del sur de la provincia de Pontevedra, que tuvo como protagonistas a sus hermanos. “Recuerdo que cuando era pequeña -tendría unos seis años- que mi hermano mayor cuando iba camino de la tienda que había más cercana a casa, veía durante el trayecto de ida y vuelta un ataúd blanco y pequeño, como el de un niño”. Esta visión se repitió durante varios días, hasta el punto de que el miedo se apoderó del niño y ya no quería volver a hacer la compra. “Ante la insistencia de su visión, mi padre fue con él en busca del dichoso féretro, pero cuando llegaban allí, al lugar donde afirmaba haberlo visto, ya no estaba. Durante varios días estuvo viendo el ataúd y estaba plenamente convencida de que era real”. La familia se tomó a broma las visiones del niño, con la excepción de su madre. La sorpresa sobrevino poco tiempo después de que el chaval dejara de ver aquella caja mortuoria pequeña y blanca, cuando “murió mi hermanito, que contaba tan solo veintidós meses”. Aquella visión del mayor de los hermanos fue interpretada por la familia como una trágica premonición de aquella prematura muerte.
Ver la imagen de un familiar querido poco antes de que fallezca, o asociar una visión cargada de simbolismo con una muerte prematura son algunas de las formas en las que suelen presentarse las premoniciones. Pero hay otras señales.

La muerte llama a la puerta


Los golpes en la puerta son una de las ‘señales’ frecuentemente interpretadas como un aviso de muerte, y a veces constituyen por si mismas una ‘evidencia’ de que algún conocido está por morir. Sin embargo, a veces las señales son algo más que golpes.
Una noche muy lluviosa de primavera, aproximadamente a las cuatro de la mañana, alguien golpeaba a la puerta de la casa de Carmen L., en el barrio vigués de Cabral. “Me despertó una voz que llamaba por mi marido y golpeaba la puerta de casa” recuerda Carmen. La mujer reconoció la voz del visitante como la de su suegro. “Desperté a mi marido y le dije que se levantase porque estaba su padre llamándolo. Y teniendo en cuenta la hora que era no podía tratarse de nada bueno. Cuando salimos al balcón pudimos comprobar que allí no había nadie, todo estaba en orden y ni siquiera el perro se había alarmado”. El matrimonio volvió a la cama, pero poco después volvieron a escuchar los golpes. “Volví a escuchar que alguien llamaba a la puerta y gritaba el nombre de mi marido. Nos volvimos a levantar y otra vez sucedió lo mismo. Allí no había nadie ni nada que aparentemente pudiese causar tales sonidos”. Carmen no concilió el sueño aquella noche y sintió una fuerte angustia por lo sucedido. Ya de mañana, Carmen encontró respuesta a los sucesos de la noche pasada: “Estábamos desayunando cuando llegó mi cuñado a comunicarnos que mi suegro había fallecido hacía un rato a causa de un infarto que le había dado durante la noche”.

Luces que anuncian el final


Carmen L. vivió otras experiencias relacionadas con premoniciones de muerte, aunque las ‘señales’ tenían otras apariencias “cuando era niña, estaba una noche de verano viendo por la ventana de casa cuando vi, a unos ciento cincuenta metros, concretamente en una finca de unos tíos míos, una serie de luces muy brillantes y preciosas que estaban a la altura de un pilón de agua que había cerca de un riachuelo”, comienza relatando la mujer. Y continua: “me llamaron mucho la atención porque eran móviles y brillaban mucho formando círculos. Cuando me di cuenta, las luces comenzaron a desplazarse en dirección a la casa de mis tíos, hasta llegar a una de las ventanas, concretamente la de la habitación de mi primo Evaristo, donde se detuvieron formando una especie de corona muy brillante y luminosa. Era una cosa tan extraña que corrí a avisar a mi madre para que pudiese verlas. Ella acudió muy pronto, tardaríamos como medio minuto en llegar de nuevo a mi ventana. Cuando llegamos las luces permanecían allí pero mi madre no podía verlas. Le dije: ¡están allí mamá, en la ventana de la habitación de Evaristo! Mi madre no veía nada pero puso sus manos en mis hombros y luego se santiguó diciendo: ¡ay Dios mío!” La madre de Carmen L. ‘comprendió’ que aquellas luces no traían un buen presagio. “A la mañana siguiente nos comunicaron que mi primo Evaristo había muerto ahogado en una playa de Ribadeo, en Lugo, donde se había ido de excursión”.
Los casos que hemos repasado hasta el momento arrojan varias pistas sobre las premoniciones de muerte. Por un lado parece ser una constante que quien ha vivido una experiencia de estas características, parece repetir. Ya sea directamente como en el caso de María de los Ángeles Diz, o a través de señales –luces, golpes o visiones- algunas de las cuales solo las puede ver una persona. A quienes tienen la capacidad de ver hechos ‘sobrenaturales’ relacionados con la muerte se les conoce en Galicia como ‘corpos abertos’. Son personas capaces de extender sus sentidos más allá de la realidad cotidiana. Es una creencia muy arraigada la de que esa capacidad se transmite de padres a hijos. Y eso es lo que parece suceder con Carmen L., ya que sus padres también fueron testigos de experiencias similares. “Estábamos como cualquier otro día en casa y al terminar de cenar, y yo iba pronto para el piso de arriba para acostarme. Al salir de casa y empezar a subir la escalera vi una pequeña luz muy brillante delante de mí que se movía y de repente aparecían otras que la rodeaban. Estaba tan extrañado de lo que estaba viendo que en cuanto hacía intención de volverme para avisarle a Carmen de que viniese a ver aquellas luces desconocidas, éstas desaparecían”, relata Ángel. “No hacía falta ni que me moviese, sólo con pensarlo ya desaparecían”, añade.
Camino de A Estantigua, en Tui
Al día siguiente ocurrió lo mismo, y así durante casi toda la semana. “Temiéndome que era un mal presagio, y debido a que mi suegra estaba enferma, que contaba con 95 años a sus espaldas, le dije a Carmen <<creo que esta semana vamos a tener un entierro, y no sé si será tu madre>>”, continúa relatando Ángel su experiencia.
Su mujer apoya el relato de Ángel, añadiendo que una noche estaba viendo la televisión, “cuando escuché un fuerte estruendo. Era como si se hubiesen caído una gran cantidad de tablas de madera al suelo. Me llevé un buen susto y pensé  que fue lo que se había podido caer de tal manera”. La mujer salió a la finca que está junto a su casa para ver que había sucedido, pero todo parecía estar en orden. “Le pregunté a mi marido si había escuchado ese golpe pero me respondió que el no había escuchado nada, cosa que sorprendió enormemente por que el ruido del golpe había sido muy fuerte. Volví a escuchar de nuevo el mismo ruido. Lo escuchaba como si sucediese a uno o dos metros de distancia de donde estaba yo. Volví a salir y a dar una vuelta para intentar localizar su origen pero fue imposible. De nuevo le pregunté a mi marido si esta vez lo había escuchado y me dijo que tampoco había escuchado nada, ni antes ni ahora. Todo esto sucedió el día siguiente de que él había visto por última vez las luces”. 
Por la mañana les llegó la noticia de que esa misma noche, a la hora en que Carmen C. había escuchado los golpes,  falleció una vecina, que además era de su propia familia. “Entonces pensé, ¡mira por donde, seguro que fue la pobrecita que vino a despedirse!”.

Soñando con la muerte

Los sueños es otra fuente de información por donde se canalizan las premoniciones de muerte. A María Mosteiro, le tocó vivir –durante una etapa muy concreta de su vida- numerosos sueños que le señalaban personas que iban a morir. Uno de los primeros sueños premonitorios tenía como escenario un lugar conocido como A Trapa, al sur de la provincia de Pontevedra, muy cerca de su casa. “En el sueño  volvía a casa con mi amiga Puri, que veníamos de una fiesta en A Trapa. Mi amiga estaba con un crío, aunque ella no estaba ni casada ni embarazada. A unos cien metros nos apareció una chica que tenía por aquel entonces unos 20 años”, comienza relatando María, y continúa: “Al llegar a un camino que hace una cruz, yo quedé sola con esa chica y escuché como una campanilla. Sentí un susto terrible, y ella comenzó a reirse a carcajadas”. En el sueño, las dos mujeres continuaron su camino, pero en un momento la acompañante de María desapareció. “Yo pensé que si era alguien que iba a morir debía ir hacia el cementerio. Yo lloraba desconsoladamente y en eso me desperté”, recuerda María.
El sueño de esta vecina de A Trapa tenía una doble premonición. Por un lado su amiga, estaba embarazada, aunque nadie lo sabía. Por otro, y lo que resulta más conmovedor, la chica que le acompañó en el sueño hasta el cruce de caminos falleció 15 días después en un accidente de moto. “Y donde ella desapareció era la casa de sus abuelos”, recuerda María.
Este es sólo uno de los numerosos sueños con premoniciones de muerte que vivió María Mosteiro, y que se sucedieron durante una década, para luego cesar repentinamente tan inexplicablemente como habían aparecido.
Resulta paradójico que este lugar de A Trapa fue escenario de otra fatídica premonición ocurrida 40 años antes por otra vecina de la zona. Sofía Romero fue testigo, junto con su madre, del paso de una comitiva de espectros que en Galicia se conoce con el nombre de ‘Santa Compaña’. Como manda la tradición, esta procesión fantasmal va siempre acompañada por una persona viva cuya muerte está próxima. Es así que Sofía reconoció entre la Compaña a una vecina, que días después falleció a causa de la caída de un rayo.
Los sueños son el refugio del simbolismo, y en las premoniciones de personas que van a fallecer, a veces suelen presentarse a través de imágenes que se expresan a través de símbolos. Es el caso que le aconteció a Dana, una viguesa de 27 años: “Un buen día me levanté angustiada por una pesadilla que había tenido esa mima noche, con un rostro desconocido al que sangraba por la boca y comenzaba a caérsele los dientes uno a uno”. Al día siguiente murió el vecino del noveno, con el que la joven mantenía una gran amistad. “En otra ocasión soñé exactamente lo mismo y a los pocos días se murió mi abuelo. Seguí soñando con la boca sangrante en varias ocasiones más y siempre, a los pocos días u horas, fallecía alguien cercano a mí. Ahora me sigue sucediendo lo mismo y ya me voy mentalizando. Sé que cada vez que tengo ese sueño alguien conocido va a morir. Estos episodios, comenta Dana, se repiten desde que tenía 15 años.

La sombra de un ángel

Las formas en que suelen presentarse las premoniciones de personas que van a morir –o que al menos así las interpretan sus protagonistas- suelen ser muy variadas. Carmen L. recuerda otra vivencia relacionada con la muerte de un familiar querido, y donde también su marido fue testigo del fenómeno. “Salíamos de casa de mi abuela, a quien habíamos ido a visitar porque estaba gravemente enferma, y nos dirigíamos hacia nuestra casa en coche. El trayecto de llegada era corto, más o menos de unos 20 minutos en coche. Era  ya el atardecer y el sol estaba poniéndose cuando de repente vimos una especie de sombra que parecía tener alas y se dirigía hacia nosotros. Pasó tan rápido que no nos dio tiempo a frenar el coche y esa especie de sombra alada, que con absoluta seguridad no era  un pájaro, y además era muy grande, nos pasó rozando el parabrisas del coche. De hecho hasta pudimos escuchar el sonido cuando rozó el cristal”, recuerda Carmen. La sombra continuó en dirección a un muro pegado a la carretera y cuando llegó a las proximidades de un árbol que estaba junto a él, desapareció. “En ese momento fue más el susto de pensar que pudimos haber tenido un accidente grave que el susto que podíamos llevarnos por lo que acabábamos de ver. Era como si durante unos segundos no fuésemos conscientes de lo que había ocurrido”, recuerda Carmen. La pareja continuó el camino a casa, todavía con el susto en el cuerpo, hablando sobre lo que acababan de ver, llegando a la conclusión “de que aquello que habíamos visto no era normal”. Al llegar a su casa, Carmen y su marido llegaron a una clara conclusión: “Al llegar a casa sonó el teléfono. Era mi tía que me avisaba de que mi abuela acababa de fallecer a los pocos minutos de habernos marchado nosotros. A partir de entonces tanto mi marido como yo tenemos muy claro que ambos fenómenos tenían alguna relación”.
La sombra que vieron Carmen y su marido tenía alas, pero ambos estaban convencidos de que no era un pájaro. Sin embargo, en muchas ocasiones la presencia de algunas aves voladoras suelen ser presagio de una muerte cercana en las creencias populares. De entre todos, quizá los cuervos son los que más se relacionan, donde su presencia inusual anuncia una muerte en la mitología de muchos pueblos y países. Otras veces es la actitud de los pájaros la que se interpreta como un mal presagio. Digna Fernández vivía en el centro de la localidad de Porriño, en la provincia de Pontevedra. Como tantas otras veces había terminado de hablar con su hijo que trabajaba en una gasolinera de Madrid. Durante la conversación, Digna sintió una rara sensación, como si algo no estuviera bien. Poco después de finalizar la conversación, la mujer vio como unos pájaros se estrellaban contra su ventana sin ninguna explicación. “Supe que era mi hijo”, aseguró Digna. El joven había muerto en un incendio poco después de hablar con su madre, y para ella la actitud de estas aves fue el detonante de una premonición.
No sólo las aves son interpretadas como agoreras de muertes próximas, sino los aullidos de los perros o los “perros fantasma”, que en el Reino Unido su presencia es indicativa de una muerte cercana, hasta el punto de que determinadas familias tienen tradiciones particulares en relación con estos animales.
¿Está nuestra muerte predeterminada? ¿Nos despedimos de nuestros seres queridos antes de morir? ¿Son estas experiencias una prueba de la existencia de vida más allá de la muerte? Alcanzar respuestas a estas preguntas es –al menos por el momento- una cuestión de paciencia.

Puedes ver el reportaje de "MILENIO" (TVG) sobre este asunto:




martes

La Ouija resuelve un crimen


El vaso se dirigió primero hacia la letra R. Luego marcó la O, la S y, finalmente, la A. Con el nombre de Rosa se identificaba, en una sesión de ouija, una mujer fallecida que, a principios de enero de 1994, acaparaba las portadas de todos los periódicos gallegos. Su cadáver fue hallado, con claros signos de violencia y rodeado de velas, en una zona poco frecuentada del monte Avenceñas, en el municipio pontevedrés de A Estrada. Por el interés social que despertaba -y porque la Guardia Civil no conseguía identificar a la víctima- una experta en esoterismo, la pontevedresa Mercedes López Martínez, acompañada por otras tres personas, decidió realizar una sesión de contacto con el fin de invocar a la joven asesinada. Y el nombre de la víctima no fue la única información que aportó el tablero.

Crimen “satánico”
“Sangriento ritual satánico” fue uno de los titulares que emplearon los rotativos gallegos para referirse al hallazgo del cadáver de una joven en el inhóspito paraje, ya que esa fue una de las hipótesis barajadas por la Guardia Civil sobre el móvil del crimen. Y es que el cuerpo sin vida fue encontrado a primera hora de la tarde del 6 de enero por unos cazadores que frecuentaban este monte despoblado. El cadáver tenía dos cirios rojos a ambos lados, de los que se utilizan para honrar a los difuntos. Estaba boca arriba, tenía las manos cruzadas sobre el vientre y los pies descalzos. Conservaba su ropa y las joyas, no había signos de violación ni de robo, lo que alimentaba aun más la sospecha de que se podría tratar de un crimen ritual.
Sin embargo, la autopsia, practicada en el Hospital Provincial de la capital pontevedresa, determinó –entre otras cosas- que la muerte se produjo por tres disparos del calibre 22, uno en la sien y otros dos en el cuello.
Las huellas dactilares no permitieron la identificación del cadáver, por lo que la Guardia Civil difundió fotografías de la joven asesinada, con el fin de que conseguir pistas sobre su identidad.

Los detalles del crimen
“Nos pusimos en contacto con ella con la ouija y nos dijo, además del nombre, que no había sido un ritual sino que habían puesto las velas para despistar. Aseguró que la habían matado en otro lugar y que la habían llevado allí con un caballo. También nos explicó que tenía una hija y que quería ser enterrada en Portugal. A través del tablero nos dio una serie de números que correspondían al teléfono de un club de alterne del país vecino”, explicó Mercedes sobre la sesión de contacto que realizó pocas horas después de que se conociese la noticia del crimen.
Uno de los que participaron en la sesión de ouija trabajaba en aquel entonces en el periódico local Diario de Pontevedra y comentó al periodista encargado de elaborar la información algunos de los datos surgidos del presunto contacto con la joven asesinada. El reportero consultó con las fuerzas de seguridad los datos aportados por la sesión de ouija, aunque en aquel entonces la Guardia Civil carecía de información sobre la identidad de la fallecida y no pudo confirmarlos.
La sorpresa llegó pocos días después cuando, después del hallazgo del cuerpo, los agentes detuvieron a dos personas en Navarra como los supuestos autores del crimen de A Estrada. Asimismo, tuvieron conocimiento de la identidad de la mujer asesinada. No había podido ser identificada antes porque se trataba de una ciudadana portuguesa, natural de Braga, que se llamaba Rosalía Gonçalves da Maria.
“Es mucha coincidencia que la ouija dijese Rosa y se llamaba Rosalía. Podía ser un diminutivo. Podía haber dicho cualquier otro nombre, pero acertó”, recuerda el reportero que elaboró en aquel entonces la información para Diario de Pontevedra. Pero las similitudes no acababan ahí.
La investigación de la Guardia Civil determinó que uno de los autores del crimen conocía muy bien la zona, ya que residía en el vecino municipio de Campo Lameiro y se dedicaba a la cría de caballos, con el que habría trasladado presuntamente el cuerpo a este lugar apartado.
El otro detenido, vecino de la localidad lusa de Valença de Minho (situada en la frontera con Galicia), habría conocido a la víctima en un prostíbulo de la localidad portuguesa, ya que Rosalía Gonçalves trabajaba en el club Sasarico, en las inmediaciones de Valença. lLa numeración telefónica aportada por la ouija coincidía.
Además, la identificación de la víctima permitió saber que tenía una hija en el país vecino, hecho que se sospechaba desde que se le practicó la autopsia por una marca que tenía en el vientre, producto de una cesárea.
Las detenciones practicadas por las fuerzas de seguridad permitieron esclarecer también otros detalles del asesinato. Así, los dos arrestados y la víctima formaban una banda que se dedicaba a asaltar gasolineras y entidades bancarias, que habrían cometido varios atracos en localidades del norte de la provincia de Pontevedra. En cuanto al móvil del crimen, los autores confesaron que habrían matado a Rosalía Gonçalves ante el temor que los delatara, ya que la sorprendieron hablando por teléfono de forma sospechosa. Así se confirmaba también la información surgida de la sesión de ouija, en la que el presunto espíritu de la fallecida negaba que fuese un ritual.
“Tiempo después, nos comunicamos otra vez con ella. Nos dijo que estaba en paz, un adiós y nos dio las gracias”, aseguró Mercedes. “Nunca más volví a hacer una ouija, me da mucho respeto”, añadió.
Puedes escuchar a la protagonista de esta historia en el programa que hicimos en "Protagonistas de lo Insólito":




Puedes ver en este enlace el reportaje que hemos hecho para Televisión de Galicia




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viernes

Fuegos "sobrenaturales"

Durante la primera semana de junio de 1976, numerosos medios de comunicación dirigieron su atención a dos pequeñas aldeas cercanas a Santiago de Compostela. La paz y la tranquilidad que reinaba entre las suaves lomas de Outeiro y Nogalláns se vio interrumpida por una serie de pequeños incendios que llevaron a sus habitantes hacia un estado casi paranoico, donde el miedo y la angustia les impedían conciliar el sueño. Y es que de pronto, y sin ninguna causa aparente, surgía el fuego en alpendres, establos y en lugares cercanos a las casas, propagándose rápidamente y con el riesgo de que las propias viviendas cayeran presa de las llamas.
“Por aquel entonces, todas las noches apartábamos la leña de la casa o de cualquier otro lugar cercano a la casa, por el miedo que teníamos de que se prendiera fuego”, recuerda Andrés Otero, uno de los vecinos de Nogalláns que vivió de cerca este angustioso fenómeno.
La escasa docena de vecinos que viven en Outeiro y algunos de Nogalláns –a dos kilómetros de distancia- fueron testigos directa o indirectamente de este curioso fenómeno. Las llamas aparecían en lugares donde había tojo, paja, madera o cualquier otro material inflamable y parecían surgir del interior del objeto combustible, comenzando con una llama azulada. Ningún olor ni cualquier otro signo hacía prever la aparición de un nuevo incendio. Andrés Otero vivió muy de cerca el extraño fenómeno, ya que con una cisterna de agua participó en la extinción de casi todos los incendios que se produjeron en estas dos aldeas. “Estabas hablando con alguien y de pronto comenzaba a arder leña o paja sin que se viera a nadie encenderla”, recuerda Otero.
Los curiosos incendios se sucedían frecuentemente, y los vecinos solicitaron ayuda al gobernador y al alcalde de Trazo para que buscaran una solución a este desesperante fenómeno que estaba alterando la vida de los vecinos de la parroquia de Berreo. Fue entonces cuando la Guardia Civil tomó cartas en el asunto: “Una vez vino una pareja de la Guardia Civil de Sigüeiro para comprobar lo de los fuegos, y mientras estaban allí un montón de leña que estaba detrás de ellos comenzó a arder”, señaló Otero. Los agentes de la Benemérita no consiguieron determinar que es lo que había producido el fuego a tan solo unos metros de donde estaban.
Los extraños fuegos se prolongaron algo más de una semana, y desaparecieron tan misteriosamente como habían comenzado, y en casi treinta años no volvieron a producirse. Para Andrés Otero este fenómeno no tiene ninguna explicación y descarta que fueran provocados por algún vecino. Entre las causas naturales, se especuló con que podrían ser emanaciones volcánicas, aunque nunca más volvieron a producirse. Con los fenómenos las investigaciones cesaron y nunca se pudo determinar el origen de los fuegos que afectaron a Outeiro y Nogalláns. “Lo extraño es que ninguno de los incendios se produjo en la aldea de Caravelos”, reflexiona Otero. Y es que este pequeño poblado dista tan solo unos metros de Outeiro, separados tan solo por un estrecho camino comarcal; aunque si afectó a Nogalláns, que está a dos kilómetros. Los sucesos de estas aldeas de Trazo quedaron en el olvido, pero no era ni la primera ni la última vez que estos fuegos aparecían en las aldeas gallegas. Tan sólo dos años antes, en noviembre de 1974, ocurrió algo similar en una aldea de Bertamiráns, a tan solo 30 kilómetros de Trazo. Y en fechas más recientes, los misteriosos fuegos llegaron a una casa de Fene, en el norte de la provincia de A Coruña.

Ciento cincuenta vecinos hacen guardia

María Jesús Anca vive en un pequeño caserío llamado Sillobre, perteneciente al ayuntamiento coruñés de Fene. Nada extraño había ocurrido en su casa hasta que el 23 de abril de 1996 vio que de un paquete de paja que tenía en el cobertizo comenzó a salir un denso humo negro. Rápidamente la hierba comenzó a arder y el fuego afectó a las paredes, techo y otros objetos cercanos. La rápida intervención de los vecinos logró que las llamas no se extendieran a otras dependencias.
Tras el incidente, limpiaron la cuadra, el cobertizo y una fosa séptica, suponiendo que alguna emanación de metano podría haber causado el fenómeno. Sin embargo, el misterioso fuego volvió a repetirse varias veces, afectando a un saco de pienso y a un manojo de hierba.
Ante esta situación, los vecinos quedaron haciendo guardia toda la noche por si el fuego regresaba. Y no los defraudó.
Al día siguiente volvieron a producirse nuevos fuegos espontáneos y la propietaria de la casa decidió denunciar los hechos ante la Guardia Civil. Técnicos de la Xunta de Galicia también tomaron cartas en el asunto y durante días estuvieron inspeccionando y analizando el subsuelo de la casa y los alrededores. No se encontró explicación a los fenómenos y durante días voluntarios de Protección Civil hicieron guardia junto a la casa de María Jesús Anca. Los fenómenos se prolongaron durante unos días y dejaron de sucederse.

Víctimas de fuegos inexplicables
El mismo año en que los vecinos de Sillobre hacían guardia frente a la casa de María Jesús por la aparición de los misteriosos fuegos, en un pequeño pueblo de los Alpes se cobraban dos víctimas.
Morains-en-Montagne con 1.500 habitantes y ubicado muy cerca de la frontera entre Francia y Suiza, se convirtió en un centro de peregrinaje de todo tipo de investigadores, curiosos y personajes más o menos exóticos atraídos por el extraño fenómeno. Un total de 13 fuegos inexplicados se produjeron durante los primeros días de 1996.
El 20 de enero se produjeron cuatro misteriosos incendios, de los cuales tres de ellos tuvieron por escenario el número 14 de la calle Cares, con tan solo unas horas de diferencia. El tercero, ocurrido a las 20.15 horas, se cobró la vida de una mujer y del bombero que acudió a rescatarla. En otra ocasión, las llamas comenzaron ante los ojos atónitos de un juez de instrucción, de dos técnicos judiciales y de especialistas de la compañía eléctrica. El fuego comenzaba en lugares poco frecuentes como armarios o muebles y se caracterizaba por comenzar con mucho humo y pocas llamas.
Aunque los vecinos atribuían estos incendios a la presencia de líneas de Alta Tensión subterráneas, la compañía responsable desmintió esta posibilidad. Y hasta el sacerdote del pueblo hizo referencia al fenómeno en su homilía: “Todos nos preguntamos cuando acabará esto”. Y el fenómeno cesó.